Un hijo caníbal, de 26 años mata a su madre, descuartiza el cadáver y se lo come con la ayuda de su perro

  • Alberto Sánchez, encerrado en el círculo, el parricida confeso, en una fotografía cedida por un amigo. En vídeo, la narración del suceso.

En un barrio de Madrid, arriba, en la vivienda, la escena era repulsiva. Alberto Sánchez Gómez, un chico bajito, con cara de niño, de 26 años, había troceado el cadáver de su madre y lo había repartido en recipientes para guardar comida. Al ser descubierto, confesó estar comiéndoselo con la ayuda de su perro.

La primera persona que echó de menos a María Soledad Gómez, de 66 años, fue una íntima amiga. Llevaba sin verla un mes, algo que le parecía extraño. La mujer solía comprar a diario en Mercadona y después se tomaba una cervecita y una tapa en algún bar de los alrededores de su barrio, el de Ventas. ¿Dónde estaba ahora? ¿Se había marchado sin decir nada? Imposible. La amiga lo denunció a la policía, que envió el jueves dos coches a la calle de Francisco Navacerrada.

Allí, los agentes se encontraron a un muchacho que dudó cuando le preguntaron dónde estaba su madre. Cuando lo vieron perderse en explicaciones confusas, insistieron para que les dejase entrar. Al fin lo hizo. Se encontraron con los pequeños recipientes llenos de carne humana esparcidos por la casa. Fue entonces cuando uno de los policías no pudo aguantar lo que estaba viendo. Bajó a la calle, descompuesto y lívido. A continuación, vomitó.

En el barrio era conocido que el parricida confeso maltrataba a su madre. La víctima lo había denunciado hasta en 12 ocasiones. Su hijo mayor, casado y enfocado en su propia vida, había intentado mediar en los problemas familiares, sin éxito. Cuando a Soledad le preguntaban por los moratones que lucía en el cuello y en los brazos, solía contestar que se había caído mientras paseaba al perro.

Los vecinos recuerdan que la familia se instaló en esta calle cercana a la plaza de toros a mediados de los años noventa. El padre, ebanista, llevaba a los hijos a jugar al fútbol los fines de semana. Después comían en algún restaurante de la zona. Era la escena de una familia corriente, que comenzó su desintegración tras la muerte del padre, hace 15 años.

Alberto, al principio colaborador, se cerró en banda ante la policía y no quiso declarar una vez que le leyeron los derechos acusado de homicidio. “Los trozos son tan pequeños que va a ser casi imposible descubrir cómo la mató. Ha pasado mucho tiempo y el cuerpo está bastante deteriorado”, añaden fuentes de la investigación. El detenido pasó anoche al Registro Central de Detenidos, en Moratalaz, y está previsto que hoy por la mañana pase a disposición del juzgado de guardia. Fuentes policiales creen que el magistrado decretará su ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza.

El cadáver de Soledad fue trasladado al Instituto Anatómico Forense, en la Ciudad Universitaria, donde se le practicó la autopsia. Ayer a mediodía nadie había reclamado el cuerpo.

 

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